La búsqueda tan trillada pero ineludible: constante, sorprendente, vital. El volcán está despierto, yo lo espero a que me hable, lo espero despierta una y otra vez (hasta que me duermo, claro). Me trajeron aquí los días de un mortal y los besos de sabores.

Friday, November 26, 2004

Cómo hacer un blog

Para hacer un blog, lo único necesario es tener qué decir. ¡Vamos, Eli, Vamos!

Wednesday, November 24, 2004

Each day I miss you more and more.
Tonight my body hurts for you.
My mind calls you in a silent pulse:
your breath is on my cheek,
our bodies intertwined
only in my dreams.

Un viejo amor

Que un viejo amor ni se olvida ni se deja...
La luz es un prodigio todos los días, pero hoy es un milagro. El pálido sol aún no inicia su diaria labor de calentar al mundo, pero su corazón, el de él, José Saenz, no puede ya con más calor o alegría. Puntual a la cita, maleta en mano, espera a María Helena frente a la iglesia del pueblo.
"Nos iremos a la capital, ganaremos un dinerito, y regresaremos aquí pra criar a nuestros hijos". El mundo es un lugar inmenso, lleno de posibilidades. Las flores, pequeñas, de muchos pétalos de color naranja, rojo y amarillo, parecen estar ahí únicamente para adornarles el día (aunque siempre han estado ahí). La brisa que viene del mar llena el ambiente de un olor a sal, como un soplo de vida divina; llena los edificios de salitre, como una firma inequívoca, como un abrazo posesivo y destructivo, pero abrazo al fin.
Pronto llegará María Helena, con la maleta lista para la luna de miel, un viaje corto pero bien planeado. Llegará con los guantes de encaje en esas manos finas y sutiles, llegará con los guantes que le regaló hace casi un mes. Legará con ese hermoso cabello negro y largo trenzado, y en la noche él yacerá en otro mar que es negro y frondoso, el cabello de María Helena. Llegará con esos labios gruesos y morenos, suaves, que pronto serán besables, ya sin pudor, porque será su esposa.
Las palomas del pequeño campanario estallan en aleteos y exclamaciones mietras que el sonido claro de las campanas llama a misa. Las personas en la plaza caminan lentamente bajo la resolana que empieza a calentar las piedras. Los invitados están ya dentro de la iglesia, y ella, según su sentido del humor, está tarde, se le ha pasado un poco la mano.
José respira profundo, mira al cielo, que empieza a tornarse azul profundo, con aquellas nubes que sólo pueden venir del mar, y dirige una oración a la bóveda celeste: "Gracias, Padre, por la mujer que hoy me das para acompañarme toda la vida, para ser feliz hasta la vejez".
Domingo, 15 de febrero; Chiapas, México.- Ayer, sábado 14 de febrero, Don José Saenz, residente de la Casa para Ancianos Fidelita Ortiz, fue finalmente encontrado en su pueblo natal,frente a la iglesia de la plaza principal, tras una búsqueda de meses . Cargaba una maleta cuya procedencia y contenido son desconocidos, y que, al parecer, fue olvidada en el momento en que retiraron al anciano del lugar en que fue hallado.
El Sr. Saenz es paciente de Alzheimer, y decía encontrarse allí en espera de su novia, quien hace sesentaycinco años huyó cinco horas antes de que se celebrase la boda con el susodicho.
Don José fue trasladado a una clínica especializada en geriatría debido a que presentaba un cuadro grave de desnutrición y fatiga crónica; y a que, en el único momento de lucidez registrado en el paciente desde hace ocho años, éste sufrió un paro cardíaco. Trabajadores del hospital aseguran que cuando el paciente despertó, empezó a cantar la conocida canción de María Grever: Que un viejo amor ni se olvida ni se deja, que un viejo amor de nuestra alma sí se aleja pero nunca dice adiós...un viejo amor...


Sunday, November 14, 2004

Cuernavaca y su zócalo

Es una plaza plana en una calle inclinada. Calculando de memoria, debe ser de unos 100 x 100, pero probablemente me quedo corta. Su mejor hora es la de mayor peligro: las 6 ó 7 de la noche (depende de la época del año), cuando se va a poner el sol y todos los zanates de Cuernavaca parecen regresar al hoyo negro en medio de cada árbol de donde salieron. ¡Peligroso!, especialmente para los sombreros. Como cualquier zócalo que se precie de guardar tradiciones, éste tiene dos circuitos, uno dentro del otro. Imagino las mujeres dando vualtas para un lado en el circuito interior; los hombres para el otro en el circuito exterior. ¡Cuántos abuelitos y abuelitas de nuestro país se conocieron así!, incluyendo los míos.
Adoquines gastados por muchos pies son ahora los que sostienen lo mismo a los ancianos que dan de comer a las palomas, que a los Bánderlux que animan algunos sábados por la noche con los tambores y bailes con fuego. Los enormes laureles que rodean nuestro zocalito dan una sensación de seguridad, como un oasis; los troncos añejos son enormes columnas que parecen decir "aunque el centro de esta ciudad se caiga a pedazos, quedaremos en pie". Las copas, como he dicho antes, son una zona desconocida para el ser humano--- territorio de zanates negros, negros, negros.
El kiosko es bastante grande, y fines de semana toca una banda de valientes tercos. El estilo Art Nouveau nos recuerda que la mejor época de nuestra ciudad ya pasó, y los vendedores, niños, perros, parejas, ancianos y descarriados nos recuerdan que no les importa. Van en las tardes a comprar las cosas baratas que los hacen sentirse millonarios. Por ejemplo: los niños van derecho al puesto de bromas, en la esquina opuesta a la Plaza de Armas, por chicles de ajo y trucos de magia sencilla. Para los papás: boleadores y puestos de periódicos, cigarros, jugos y antojitos (en el primer piso del kiosko), elotes, esquites. Los vendedores a gritos "Güerita, lléeeeve-sele-lote".
Sentarse en elguna de las bancas de hierro forjado (--- pintado de verde :( ---) que bordean los circuitos es como sentarse a ver pasar el tiempo, o mejor dicho, como apropiarse de él, darse el lujo de decir "de aquí soy". Por alguna razón, todos los que pisan el zócalo parecen convertirse otra vez en niños persiguiendo un globo.

Mamá, quiero ser peluquera

Un pequeño texto resultado de acordarme cómo era todo a los cuatro ó cinco años de edad:
Estamos viendo la tele, están las noticias del señor que habla chistoso y usa orejeras. Mamá sa ha de haber aburrido porque la apagó y ahora salió del cuarto...algo que ver con mi hermanita. Yo me qudo sentada un ratito y después voy a la mesita de Mickey Mouse. Me siento en la silla de Tribilín y hago algunos dibujos, específicamente practico señores con sombreros y perros; los brazos todavía me salen chuecos y los perros tienen cara más bien de oso flaco.
Mamá no ha regresado y ahora me aburrí yo. Entro en su cuarto y en el escritorio veo unas tijeras. Me estoy acordando de la última vez que me cortaron el pelo y lo bonito que suena cuando la navaja corta cada hebra, ha de ser padre cortar el pelo, y como no lo puedo probar con mi hermanita decido intentarlo yo. Espero a ver si no regresa "nadie" y agarro las tijeritas de mango azul --me quedan grandes en mi mano. Voy al baño y levanto la tapa del escusado, me inclino como me pide mi mamá cuando me recorta el fleco para que no me caigan pelitos en la ropa pero sí en la taza, y mientras con la mano derecha preparo las tijeras, con la mano izquierda agarro un pedacito de mi fleco y lentamente corto esa sección. ¡Guau!,¡se siente padrísimo!
En eso, que llega mi mamá, me ve y me regaña mucho. Mi papá, cuando llegó en la noche, se rió muchísimo y mamá se enojó más. Ahora parezco chimuela de fleco, ¡pero sólo porque mamá no me dejó terminar!

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