La búsqueda tan trillada pero ineludible: constante, sorprendente, vital. El volcán está despierto, yo lo espero a que me hable, lo espero despierta una y otra vez (hasta que me duermo, claro). Me trajeron aquí los días de un mortal y los besos de sabores.

Wednesday, November 24, 2004

Un viejo amor

Que un viejo amor ni se olvida ni se deja...
La luz es un prodigio todos los días, pero hoy es un milagro. El pálido sol aún no inicia su diaria labor de calentar al mundo, pero su corazón, el de él, José Saenz, no puede ya con más calor o alegría. Puntual a la cita, maleta en mano, espera a María Helena frente a la iglesia del pueblo.
"Nos iremos a la capital, ganaremos un dinerito, y regresaremos aquí pra criar a nuestros hijos". El mundo es un lugar inmenso, lleno de posibilidades. Las flores, pequeñas, de muchos pétalos de color naranja, rojo y amarillo, parecen estar ahí únicamente para adornarles el día (aunque siempre han estado ahí). La brisa que viene del mar llena el ambiente de un olor a sal, como un soplo de vida divina; llena los edificios de salitre, como una firma inequívoca, como un abrazo posesivo y destructivo, pero abrazo al fin.
Pronto llegará María Helena, con la maleta lista para la luna de miel, un viaje corto pero bien planeado. Llegará con los guantes de encaje en esas manos finas y sutiles, llegará con los guantes que le regaló hace casi un mes. Legará con ese hermoso cabello negro y largo trenzado, y en la noche él yacerá en otro mar que es negro y frondoso, el cabello de María Helena. Llegará con esos labios gruesos y morenos, suaves, que pronto serán besables, ya sin pudor, porque será su esposa.
Las palomas del pequeño campanario estallan en aleteos y exclamaciones mietras que el sonido claro de las campanas llama a misa. Las personas en la plaza caminan lentamente bajo la resolana que empieza a calentar las piedras. Los invitados están ya dentro de la iglesia, y ella, según su sentido del humor, está tarde, se le ha pasado un poco la mano.
José respira profundo, mira al cielo, que empieza a tornarse azul profundo, con aquellas nubes que sólo pueden venir del mar, y dirige una oración a la bóveda celeste: "Gracias, Padre, por la mujer que hoy me das para acompañarme toda la vida, para ser feliz hasta la vejez".
Domingo, 15 de febrero; Chiapas, México.- Ayer, sábado 14 de febrero, Don José Saenz, residente de la Casa para Ancianos Fidelita Ortiz, fue finalmente encontrado en su pueblo natal,frente a la iglesia de la plaza principal, tras una búsqueda de meses . Cargaba una maleta cuya procedencia y contenido son desconocidos, y que, al parecer, fue olvidada en el momento en que retiraron al anciano del lugar en que fue hallado.
El Sr. Saenz es paciente de Alzheimer, y decía encontrarse allí en espera de su novia, quien hace sesentaycinco años huyó cinco horas antes de que se celebrase la boda con el susodicho.
Don José fue trasladado a una clínica especializada en geriatría debido a que presentaba un cuadro grave de desnutrición y fatiga crónica; y a que, en el único momento de lucidez registrado en el paciente desde hace ocho años, éste sufrió un paro cardíaco. Trabajadores del hospital aseguran que cuando el paciente despertó, empezó a cantar la conocida canción de María Grever: Que un viejo amor ni se olvida ni se deja, que un viejo amor de nuestra alma sí se aleja pero nunca dice adiós...un viejo amor...


Comments: Post a Comment

<< Home

This page is powered by Blogger. Isn't yours?